miércoles, 31 de julio de 2013

De lo bello, lo útil y lo sencillo.

Vuelvo de vacaciones; unos días en un sitio muy tranquilo y cómodo.Como no tengo coche ni me gusta conducir,cuando voy a algún sitio aislado no tengo más remedio que quedarme en él para comer o cenar. Después de dos o tres días de refinadísimos platitos, cuenquecillos, vasitos cuadrados, donde es apenas posible poner los labios para beber deliciosas ambrosías de guisantes, bróquil o una fantasía entre gazpacho y guacamole, claudiqué y pedí que me sirvieran acelgas y un pescado a la plancha. Amables a más no poder, me ofrecieron acelgas al "dente", patatas medio crudas partidas de modo salvaje, y un gazpacho en una especie de bañera en la que nadaba una sardina de lata. POr suerte, el pescado y la carne a la plancha no fueron objeto de ninguna "interpretación". No quiero ser cruel; en realidad era todo muy bueno, pero me chocó la incapacidad de los cocineros para hacer una comida sencilla, sana y digestiva. Y como no tenía nada más que hacer que observar a mi alrededor, se me ocurrió pensar que lo auténticamente difícil es atinar con la belleza de lo útil, que es casi siempre lo más sencillo, como también que lo que llega ser perfecto, como un plato redondo, plano para lo seco, hondo (un poco), para lo líquido, no necesita ser modificado aunque sintamos la necesidad de hacer cosas nuevas y "originales".¿Os dáis cuenta de lo práctica que resulta la forma REDONDA? No choca con los brazos, no tiene ni norte ni sur, ni este ni oeste, los cubiertos quedan a los lados perfectamente accesibles y el camarero los retira sin dificultades.Con aquellos inmensos platos cuadrados,en forma de ocho o con un socavón en el sitio más inesperado, los pobres chicos han de hacer equilibrios..o muchos más viajes. La innovación sólo tiene sentido cuando mejora lo anterior, y los experimentos culinarios, a mi modo de ver, se han de dejar sedimentar, que se pondere su gusto y se afine en la cocción sana. Tal como se hizo, hace tal vez mil años, con la sopa de ajo.