Después de unas cuantas películas insulsas repitiendo la misma fórmula, Woody Allen hace un esfuerzo, (aunque aparentemente no lo sea), sacándose de la manga un film extraordinario, esplendoroso y conmovedor, donde sus actores brillan y la narración fluye, siempre con el ritmo adecuado, en una historia dolorosa, en la línea de otras películas en las que el director ha meditado sobre las mujeres. No me extenderé sobre el trabajo, fuera de cualquier defecto, de todos los actores, sobretodo de los que conforman el núcleo familiar, un trío perfecto que oscurece un poco al narrador de la historia, que tal vez de modo intencionado nos parece algo banal y poco intenso. Lo más brillante de todo es el ambiente; los escenarios que ofrecen un contraste agridulce entre la vida del ocio y los sacrificados hombres y mujeres que la hacen posible. La visión de la noria desde el hogar de los protagonistas, una especie de barraca llena de ventanas bastante miserable, pone el contrapunto a la tragedia que se va desarrollando en su interior. Tanto el color como el ambiente casi siempre gris de la playa, de las calles llenas de restaurantes, donde ellas abren ostras luchando con sus ambiciones y sueños, como la música, siempre uno de los logros en los filmes de Allen, conforman un poema agrio y melancólico que desemboca en tragedia, ya con una intencionalidad teatral que culmina con ese gran monólogo grandioso que pone a Kate Whinslet en el podio de las grandes trágicas. Ridícula con su vestido de diva barata, desgrana su dolor paseando por su estrecho hogar. Cuando Woody Allen se pone en serio a trabajar, es capaz de lograr joyas inolvidables.
No os la perdáis.
jueves, 28 de diciembre de 2017
domingo, 15 de octubre de 2017
Lita Cabellut
Con una expectación previa, generada por los media, que nos dio noticia de una artista, de vida cuando menos diferente a lo habitual entre artistas, gitana, ya famosa y afincada en Holanda, y que además ofreció comentarios certeros e inteligentes en las entrevistas concedidas,
fuimos a verla esperanzados y dispuestos a admirar esa fuerza que se adivina en las reproducciones que habíamos podido ver. Hay que contar con las espectaculares salas de la Fundación Vila Casas, que acogen la muestra y permiten que luzcan los formatos enormes de las obras. Pasaré de largo las piezas tridimensionales que me parecieron puramente ornamentales.
Esos óleos que recuerdan tanto a Goya como a Caravaggio en una revisión muy valiente y arriesgada tienen, para que negarlo, una fuerza y un colorido muy efectivos. Pero, si nos acercamos un poco más, el sustrato fotográfico nos parece innegable, restando cualidad pictórica y también interés a las obras. Con ese procedimiento, por otra parte nada nuevo, Lita Cabellut pierde una parte muy importante de lo que podría resultar de su trabajo, por otra parte tan interesante. En el gran óleo que se exhibe en la entrada, estas muletas no son tan aparentes, o tal vez no existan; es una obra fuertemente goyesca pero no por ninguna reminiscencia, sino por su dramatismo y libertad de factura. Esta pintora reitera recursos técnicos como son los craquelados o la inclusión de pequeños puntos en relieve, que le permiten omitir un trabajo más fresco de pincelación y texturas.
Nos gustaría ver otras obras, dibujos, por ejemplo, formatos menores que no permitan ese falso "fa presto". Y eso porque nos parece que en su potencial tiene aún mucho que explorar, y que podría llegar a ser lo que muchos creen que ya es.
sábado, 29 de julio de 2017
Giorgio de Chirico.
Para escribir en este blog necesito una motivación bastante importante. La exposición que ahora se presenta en Caixaforum de Barcelona me ofrece este interés, debido a que nunca había podido ver una muestra tan importante del pintor italiano. Podemos apreciar los muchos intereses que le movieron en su tarea, y si no fuera por la espléndida utilización de sus limitaciones, se podría suponer que se hubiera quedado en la más discreta mediocridad. Los intentos de hacer una pintura de regusto antiguo, como de gran maestro barroco,no resultan demasiado logrados, por la dureza de la pincelada y los fallos flagrantes de dibujo. Pero el artista sabe torcer a su favor esos defectos: exagerando las perspectivas, o haciendo de los fallos anatómicos (esos pies y piernas diminutos y desproporcionados)una característica icónica. De la misma genial manera, en la imposibilidad de lograr unas olas convincentes, dibuja las aguas de la piscina de manera geométrica, logrando también una gran sugestión del movimiento acuático. Otra cosa que me parece digna de resaltar es lo especial de su manera de pintar; aunque su pintura, plana y en general de colores muy enteros, no tiene nada que ver con el impresionismo, gana mucho con un poco de distancia: así la vemos con mayor atmósfera y se difuminan las muchas aglomeraciones formales. Geniales sus dibujos y croquis preparatorios. ¿Es posible que su mayor virtud sea también su mayor defecto? Es algo que suele ocurrir, esa concepción tan filosófica de su obra, que ha influído, seguramente, en tantos pintores de nuestro tiempo, le lleva a veces a anquilosarse en su fórmula. Delicioso uno de sus óleos "clásicos", de pincelada suelta y veladuras; nos hace pensar que era muy capaz de lograr lo que se propusiera, y que tal vez pudo en su obra más la "idea" que la propia Pintura.
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