No hay que perderse la nueva exposición del CCB, como siempre, interesante y bien documentada.
Un período, de los años 50 a los 60, creo, del que conocemos bien a los artistas de aquí pero con pocas ocasiones de ver obras foráneas. No es mi intención hablaros de los artistas ni de las distintas obras, casi todas de gran nivel; sì destacar que los artistas catalanes, Ponç, Zush i Tàpies están entre los mejores y para mi modo de ver alcanzan una visión del misterio muy eficaz. En algunas obras el hermetismo deja fuera de nuestro alcance el sentido que se les ha querido dar, convirtiéndolas en algo subjetivo y oscuro, cuyo entendimiento precisa de algunos conocimientos previos. Estar en el secreto.
Lo que me llama la atención, una vez inmersa en ese ambiente que propicia la exposición, es la sensación de pesadilla, de sueño febril que todo ello transmite, como si esa libertad o ensanchamiento de la conciencia no proporcionase sino visiones angustiosas, en un doloroso retorcimiento de cualquier sentimiento o percepción. ¿Es eso lo que hay en nuestra más ignota profundidad?
Tal vez otros sistemas de sublimación, como la meditación o el ascetismo, lleven al espíritu a regiones más claras; lo podemos ver en San Juan de la Cruz o en la filosofía budista. Pero si eso se ha expresado en la Poesía, parece difícil llevarlo al terreno de la representación plástica. Se sitúa en un plano inefable que..."nos deja balbuceando".
El peligro es que nos dejemos embaucar por los pretendidos buceadores del alma, incapaces de sobrevolar las propias miserias, forjadores de "Papus", inmersos en esa luz negra que sólo rastrea por los rincones.