sábado, 25 de agosto de 2012

Estropicio

En algún lugar de cuyo nombre prefiero no acordarme, se ha producido un hecho que por lo visto está alcanzando gran repercusión en los mass media. Me refiero a la "restauración" que una vecina, suponemos que bien intencionada, ha efectuado de una pintura de su parroquia que representaba a un "Ecce homo". Tal como ha quedado después de pasar por sus manos, merece aún más su título, aunque ya no el de pintura, pues se ha constituído en una especie de sopa delicuescente, aparición azarosa que nos retrotrae un poco a las también famosas "caras de Bélmez". Aparte de los muchos comentarios más o menos jocosos que se podrían hacer, encuentro de lo más sorprendente que a la señora en cuestión no parezca producirle un especial pesar el resultado de su intervención; ella dice que lo había hecho otras veces, tal vez como quien zurce calcetines o plancha embozos de sábanas.De vez en cuando cogía su cajita de pinturas y le daba un repasito a su querido Cristo, que no ha resistido tanto amor y dedicación. A sus ojos la cosa está bien, y le sorprende que alguien pueda protestar. En el otro extremo se sitúan los turistas que al ver en una restauración cuidadosa, donde se han dejado los fragmentos irrecuperables con un simple rayado o punteado,protestan diciendo que la recuperación está incompleta o mal realizada.

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