sábado, 24 de agosto de 2013

Pintar como terapia

Hay quien cree que por el hecho de pintar "con fluidez", o con "libertad", como se oye tan a menudo, ya nos convertimos en grandes artistas, y que todo lo que hagamos tendrá interés para los demás, porqué es sincero, se hace sin control y bajo el influjo de pulsiones secretas que se exteriorizan.No voy a discutir que eso sea beneficioso para el que lo haga, que a menudo se dedica luego a interpretarlo para descubrir que le llevó a pintar dos loros en una bañera o a llenar de garabatos "espontáneos" una figura sedente en silueta.Eso pertenece a la esfera de lo íntimo y en general a nadie le servirá de nada, como no sea el preguntarse si no sería mejor para el pretendido artista dedicarse a ir en bicicleta, a hacer ganchillo o dar un poco de su tiempo a los demás. Todo eso no es más que un disfraz para evitar el trabajo verdadero que cualquier pintor mediano sabe que ha de hacer para que su obra se tenga en pie; que sea algo más que un residuo (por no decir otra cosa) de su ánimo indeciso. Aunque todo eso se disfrace de espiritualidad profunda, sacada de manuales y gurús a la moda, los resultados que se ofrecen a los demás son totalmente opacos, y lo que es peor, tanto en la forma como en el fondo. Créanme, señores trascendentes,pintar es un ejercicio lleno de disciplina, esfuerzo y control, como cualquier otro arte...si un músico trabajase así, nadie podría interpretar sus creaciones, o si un arquitecto se basara en sus premisas quedarían muy pocos edificios en pie. Desgraciadadmente, para eso hay que ser Miguel Angel...pero él fué un hombre que trabajó hasta la extenuación.

No hay comentarios:

Publicar un comentario