domingo, 30 de octubre de 2016

Pintoras

El MNAC presenta estos días una exposición de la pintora novecentista Lluisa Vidal. De ella, en su época, se dijo que pintaba como un hombre, comentario elogioso en aquellos momentos, demostrativo de machismo e ignorancia cultural. Ahora hemos pasado, con el movimiento pendular normal en la historia, a valorar el trabajo y la obra de casi todas las mujeres con otros prejuicios de signo contrario. No entraré a valorar la obra de esta pintora, que es, precisamente, de carácter muy femenino en el sentido más plano y banal. Indudablemente su obra tiene la calidad conferida por una persona que estudia bien su oficio, que conoce sus bases y que está inmersa en su época. Pero el hecho de que sea una mujer no nos hace perdonar bastante dureza en el dibujo y, aparte algunos interiores de signo muy impresionista con un estudio de la luz más interesante, con un colorido superficial, puramente funcional. En resumen, se echa en falta una mayor profundidad de visión (evitando la palabra "concepto"), que no la convierte precisamente en una figura a reivindicar. Habiendo tantas otras pintoras de fuste, no corramos el riesgo de valorar trabajos de categoría inferior; nos hacemos un flaco favor.

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